Xantippe despertó en su casa Lavapiés y un frío latigazo de desesperación le atizó el estómago. Tragó saliva, cogió el móvil y llamó a Keres, que contestó ansioso preguntando:

-    ¿Tú  también lo sientes, verdad?
-    Sí… ¿qué hacemos?
-    Llamemos al resto, tenemos que contárselo.
-    No estarán listos aún, quedamos a las diez para salir.
-    Xantippe, creo que hoy no nos moveremos de Madrid.

Cuando subieron a la terraza de la Casa Encendida, el lugar elegido para el encuentro, las gotas comenzaron a caer de un cielo especialmente gris. Todos se saludaron bajo la lluvia y optaron por refugiarse en una de las casetas cuadradas que hay en la azotea del edificio. Esa semana, la caseta acogía la exposición Una noche de verano, dirigida a aficionados a la astronomía. El espacio recreaba un planetario, por eso, un proyector móvil ocupaba el centro de la sala y en el techo, unos diminutos puntos luminosos imitaban a las estrellas y formaban las constelaciones visibles desde el hemisferio norte durante el estío. A los lados, junto a la pared, se situaban algunos expositores luminosos y un par de ordenadores.

Después de cerrar la puerta principal para que nadie les molestase y encender una vela colocada en la repisa de una ventana, los seis se sentaron en el suelo. La atmósfera estaba teñida de distintos colores: un gris acuoso llegaba desde el exterior y se mezclaba con el naranja intenso de la vela. Las gotas de lluvia se deslizaban nerviosas por el cristal de la ventana, como si no quisieran ser atrapadas en su huida por algún rayo de luz gris o naranja. En el centro de la estancia, los puntos luminosos del techo brillaban sobre el negro de fondo y todo quedaba enmarcado por la tenue luz de los expositores.

Tras unos minutos de silencio, Xantippe lo rompió cuando sacó su paquete de Marlboro del bolsillo del pantalón, quitó el plástico lentamente, abrió la caja, cogió un pitillo, buscó el mechero, encendió el cigarro y, una vez dada la primera calada, preguntó nerviosa al grupo:

-    Parece que nos pasa lo mismo a todos, ¿no?
-    Sí. Estamos convencidos de que moriremos a las doce de la noche de hoy. -respondió Timeo-.
-    No sé cómo puedes decirlo tan tranquilo, colega -dijo Innana indignada-.
-    Siempre he creído en la existencia del alma -contestó él, serio y casi sin mirarla-. Te diría incluso que estoy expectante… ¿cómo será ese mundo no material?
-    No tengo ni puta idea, pero seguro que no se puede follar -le cortó ella-.
-    Joder, Innana -intervino Keres- la vas a palmar y tu pensando en follar. Timeo tiene razón, tiene que haber algo después. Pero, ¿por qué nos ha tocado a nosotros saber cuándo moriremos?… puede que haya sido un castigo divino. Quizá tampoco esté lloviendo por casualidad.
-    No, es Poseidón, no te jode… -se burló Innana de nuevo-.

Díem no pudo aguantar más y comenzó a llorar. Xantippe le pasó su mano por la espalda y pronunció su nombre con ternura. Díem…

-    ¿Por qué tenemos que morir? -se le entendió entre tímidos lloros-
-    Las causas son variadas –irrumpió Liceo, acudiendo al socorro de su solo amiga como se repetía a sí mismo-. La causa eficiente es que nuestros corazones dejarán de latir. Que esto ocurra será debido una causa material que espero no sea muy dolorosa; la causa final es que debemos morir para que otras personas puedan nacer y la causa formal es que la muerte está en nuestra naturaleza.
-    Creo que así no la ayudarás demasiado -dijo Xantippe-. Díem… es normal que la gente muera… la diferencia es que nosotros sabemos cuándo sucederá, ¿no crees?
-    Y si nosotros tenemos esa ventaja, deberíamos aprovecharla -afirmó Innana, intentando animar a su amiga-.
-    ¿Realmente es una ventaja saber cuándo vas a morir? –preguntó Díem sollozando-.
-    Por lo menos tendremos la posibilidad de despedirnos de la gente que queremos -explicó Inanna-, decir lo que nos falta por decir… escuchar nuestras canciones preferidas… disfrutar de los últimos besos…
-    ¡Joder! ¡El Facebook! -exclamó Keres- ¡Me tengo que dar de baja!
-    Lo tuyo es muy fuerte, Keres. -replicó Innana- No sé qué es peor, si pensar en follar o en el Facebook.
-    Es que me ha venido a la cabeza… ¿habrá alguna opción para informar a tus amigos de que te has muerto?
-    Póntelo en tu estado -intentó ayudar Liceo-. Algo en plan “estoy muerto”.
-    Sí, podría valer… ¿y el Gmail?
-    No te preocupes -intervino Timeo-, por el camino que va, seguro que Google ya ha desarrollado un algoritmo para saber cuándo moriremos y te cancelarán la cuenta automáticamente.

El comentario hizo sonreir a Díem, que ya estaba un poco más tranquila. Acto seguido, mirando fijamente a unos ojos verdes que siempre le habían atraido, dijo:

-    Tienes razón. Tenemos que aprovechar el poco tiempo que nos queda. Voy a empezar disfrutando de esta exposición. ¿Vienes?
-    Claro -contestó Innana a la vez que Liceo sentía una punzada de celos-

Xantippe se quedó con los tres chicos. Su novio se giró hacia ella, quien identificó en él un gesto que habitualmente quería decir se me ha ocurrido algo extravagante:

-    Xan, -dijo Keres- les estaba diciendo a estos que… no quiero que me duela. Si tengo que morir, paso de sufrir, así que estaré inconsciente para cuando llegue la hora.
-    Y entonces has pensado que… -respondió ella preparándose para el disparate-.
-    Mi hermana es enfermera. Puede conseguirnos anestesias.

Ella se acarició la frente con los dedos de la mano derecha, intentando que el pequeño masaje le ayudara a pensar. La idea, efectivamente, le parecía absurda, pero no menos surrealista era ya su situación. Así que le apoyó:

-    Por mi bien. ¿Qué decís vosotros?
-    No sé si utilizaré la anestesia, pero os acompaño a donde vayáis -informó Timeo-.
-    Yo igual. Vamos a decírselo estas dos –respondió Liceo, aún pendiente de Díem- ¡Chicas!

Los cuatro miraron al lugar donde creían que estaban Díem e Innana. Pero no había nadie. Extrañados, agudizaron la vista intentando ver más allá de la sombra. Nadie. Empezaron a inquietarse y de repente, un ruido que no dejaba lugar a dudas de lo que estaba ocurriendo, tradujo la inquietud en un pasmo insólito.

memento mori

Esta foto es de Clara. Hay más en su fotolog: http://www.fotolog.com/la_cazita_azul

Seguramente hubo un instante de silencio antes del golpe. Un momento en el que todos se callaron, justo cuando fueron conscientes de que el coche se dirigía sin remedio directo a la cuneta, en la que un muro de hormigón gris se encargaría de detenerlos en seco. El vehículo, un Ford Fiesta blanco matriculado 18 años antes; velocidad, 130 kilómetros por hora; supervivientes, cero.

Ellos no advirtieron ese último segundo de silencio de sus vidas. Sus ojos sólo tuvieron tiempo de procesar la imagen del muro, que aumentaba según se acercaban a él; los oídos suprimieron cualquier estímulo, al igual que el olfato, el gusto y el tacto; sus cerebros únicamente pudieron segregar adrenalina y contraer los músculos de todo el cuerpo, preparándolos así para el impacto. Las neuronas del lóbulo frontal ni siquiera tuvieron la oportunidad de intervenir, por eso, ninguno vio su vida pasar en una secuencia de imágenes, ni uno sólo tuvo tiempo de preguntarse ¿moriré? Para sentir miedo, rabia o impotencia tendrían que haber pasado una eternidad más de segundos.

Xantippe despertó y notó que había estado roncando, algo que le irrita especialmente. Pero llamó más su atención que reposaba sobre una superficie esponjosa desconocida. Abrió los ojos y, después de que una luz blanca intensa le cegase, apareció ante ella un paisaje espectacular: bajo sus zapatillas All Star negras se extendía una enorme nube blanca que incomprensiblemente aguantaba su peso; encima de su cabeza, una bóveda de cielo azul inmensa. Era de día, pero no había ningún sol. Entonces no he sobrevivido al choque y… esto es el Cielo, intuyó. Miró a su alrededor y observó que sus amigos también despertaban y se ponían de pie. Por su gesto de sorpresa supo que, al igual que ella,  eran conscientes de dónde se encontraban. Estaban todos: Díem, Timeo, Inanna, Liceo y Keres. Este último, mientras levantaba los pies exageradamente del suelo, intentando  analizar la extraña superficie sobre la que andaba, se atrevió a preguntar:

- ¿Estamos donde creo que estamos?
- Eso parece -respondió Xantippe dirigiendo su vista a un horizonte de 360 grados-.
- ¡¿Estamos muertos?! -preguntó Inanna a la vez que se tocaba el cuerpo como si estuviera cacheándose-.
- Es posible -respondio Liceo-.
- No puede ser -llegó a oírsele a Díem, que en realidad se lo decía a sí misma-.
- Creo que sí, Díem -concluyó Timeo, señalando un cartel que ninguno había visto-.

BIENVENIDOS AL PURGATORIO

Al confirmarse lo que todos se imaginaban, Xantippe quiso llorar, pero una voz femenina que parecía salir de un megáfono celestial –y que sorprendentemente respetaba la típica estructura de los mensajes de megafonía terrenal de notas musicales-mensaje-notas musicales- le distrajo:

- Un momento de atención por favor. Gracias por utilizar los servicios de la Iglesia Católica. Ahora mismo se encuentran en el Purgatorio, lugar al que han sido enviados por cometer pecados menores y en el que deberán cumplir una penitencia que purificará sus almas y les permitirá ascender al Cielo. La pena impuesta es la siguiente: están condenados a revivir el día de ayer y, aunque no guardarán recuerdo alguno de su paso por este lugar, un pensamiento estará instalado en sus mentes: la sólida convicción de que cuando acabe el día, morirán.

gpe

Ejemplar en cautividad de balanza rota

Ejemplar en cautividad de balanza rota

buscando el lugar y el momento

el tono, las palabras

el fondo, la forma

intentando sorprender y llegar

tocar, emocionar

queriendo planificar

preparar, pensar, controlar,

contenido.

Y resulta

que

al final

sólo quería decirte que

en los que sólo puedes estar con una persona

porque ella te hace estar ahí.

¡Atención!

No analizar la rima

no descubrir las notas

no estudiar el trazo

ni los colores

o los ingredientes

no esperar respuesta

peligro de comprensión